La mayoría de las personas jóvenes que sufren violencia sexual facilitada por drogas no comunica la agresión a los servicios sanitarios, psicológicos, policiales o judiciales. En concreto, el 95,7 % de quienes participaron en una investigación sobre estas agresiones no recurrió a ninguna de esas instituciones, aunque una parte sí contó lo sucedido a personas de su entorno.
Una diferencia entre pedir ayuda y comunicarlo a las instituciones
El trabajo, liderado por la Universidad de Alcalá (UAH) y la Universidad Complutense de Madrid (UCM), estudia los obstáculos que encuentran las víctimas para revelar lo ocurrido. La investigación se titula Breaking the silence on drug-facilitated sexual assault: disclosure patterns and barriers to reporting among young people in Spain y ha sido publicada en Frontiers in Public Health.
El análisis parte de las respuestas de 583 personas que declararon haber sufrido violencia sexual facilitada por drogas, también denominada sumisión química con finalidad sexual. Según los resultados recogidos en el estudio, la comunicación de la agresión se distribuyó así:
- El 17,5 % no se lo había contado a nadie.
- El 78,2 % lo había compartido únicamente con personas de su entorno cercano.
- Solo el 4,3 % había informado a algún servicio sanitario, psicológico, policial o judicial.
- La proporción que acudió a instituciones policiales o judiciales fue del 1,9 %.
«Se insiste demasiado en la prevención individual, con mensajes como “vigila tu copa”, mientras se deja en segundo plano la responsabilidad de los agresores y las causas estructurales de la violencia sexual».
Gemma Montalvo, profesora del Departamento de Química Analítica, Ingeniería Química y Química-Física de la UAH y una de las autoras del estudio
La investigación señala que el tipo de agresión descrito también se relaciona con la probabilidad de comunicarla a una institución. En los casos de sumisión química proactiva, cuando el agresor administra sustancias de forma encubierta o fuerza a la víctima a tomarlas, el 34,2 % había informado a alguno de esos servicios.
El consumo voluntario de alcohol, un factor de invisibilidad
La cifra descendía hasta el 1,4 % cuando el agresor se había aprovechado del consumo voluntario de alcohol de la víctima, una situación que la investigación identifica como sumisión química oportunista. La comparación muestra una diferencia marcada en la comunicación institucional según la estrategia empleada por el perpetrador, aunque los datos describen patrones de respuesta y no permiten presentar por sí solos una relación causal.
Los autores reclaman campañas de prevención que no trasladen la responsabilidad a quienes sufren la agresión. El estudio pone el foco en la necesidad de abordar tanto la conducta de los agresores como las causas estructurales de la violencia sexual, en lugar de concentrar los mensajes únicamente en medidas individuales relacionadas con la vigilancia de las bebidas.